Mañana, sal.

Mañana, aún.

Cuando un muro es tan espeso,
cuando un muro no es palabra,
es que existe un cuerpo afuera
y es el mío que ya no siembra
cabezas entre las verdes hojas;
y labios como exclusas nombrando
cuerpos y leños ocres,
a lo mejor secos, como la fruta seca.

Cuando el gato no es un puente
y su áspera lamedura
la curiosa muerte que pregunta
por el tramo próximo,
sólo podràs decir, no finjas afonía,
y calla ahora, atiende y sal para tenerme.

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